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Revista Juventudes | Salud

 

 

 

Los insultos, los celos, las críticas,
los desprecios, el abandono y el abuso sexual,
son solo ejemplos
de violencia psicológica y verbal.

 

La historia entre Claudia y Armando comenzó en la preparatoria ahora los dos tienen 24 años. Claudia es tranquila, trabaja en un banco y Armando por su parte es impulsivo y celoso, trabaja en un despacho contable. Todos los días van juntos al trabajo y él siempre encuentra algún detalle de critica en la manera de vestir de Claudia. Ella lo ha terminado varias veces, a pesar del amor que siente por Armando, pero él la busca y le pide perdón, le promete que va a controlar sus celos y ella se deja convencer.

Finalmente se casaron sin embargo los insultos siguieron, ella ya no es la misma de antes, ya no se arregla y es tímida. Cada vez que ocurren los pleitos, ella por supuesto lo disculpa diciendo que está muy presionado y que no sabe cómo sacar esa presión. Un año después Claudia se embaraza y él se queda sin trabajo, la situación es tensa y con un error que cometa Claudia así sea el más insignificante él explota en cólera y comienzan los insultos, los gritos, los manoteos hasta que un mal día la golpea, y en una de tantas ella pierde a su bebé.

Los tres tipos de violencia son: física, psicológica y verbal.
En la violencia física se notan los golpes,
en cambio en la psicológica y la verbal no, al menos no en el momento.


Como ya lo vimos en el caso de Claudia y Armando la violencia tanto física, psicológica y verbal comienzan desde el noviazgo, normalmente las chicas piensan que ellas lo pueden cambiar con su amor y siguen creyendo en sus promesas de cambio, pero desgraciadamente esto en la mayoría de los casos no ocurre; ya que cuando se casan este maltrato se vuelve más frecuente. Por otro lado ellas se sienten solas y sin la confianza de poder salir adelante; sienten impotencia, miedo, vergüenza y debilidad y llegan a pensar que si dicen algo no les van a creer o que lo que ocurre no es lo suficientemente grave como para acudir por ayuda profesional.

Las personas violentas buscan siempre a un culpable de su comportamiento; sus padres, a su pareja, al mundo que los rodea y al abuso de las drogas y el alcohol.
Sin aceptar que solo de ellos dependen sus reacciones, cabe mencionar que son enfermos y como tales deben ser tratados por especialistas. Hay que recordar que la violencia es un proceso cíclico y que a medida que pasa el tiempo los ciclos de tran-quilidad se reducen y en cambio los episodios de violencia van aumentando en frecuencia e intensidad.

Las mujeres y los hombres que padecen de algún tipo de violencia no deben temer y necesitan poner un alto, no solo por sus hijos sino por ellos mismos ya que el daño que se están ocasionando les podría llevar a la muerte. Existen instituciones que prestan ayuda para aquellas personas que viven estas situaciones, el DIF o LOCATEL les pueden dar información y ayudarles con este problema.

Consulta las oficinas que te queden más cerca.   



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